
Esos recuerdos de ese extraño suceso siempre me envuelve, que tristeza siento al recordar ese recuerdo; Valdemar, porque, porque te fuiste, nunca pude decirte que te amaba. Al llegar a mi casa, busque en la nevera una cerveza, si la misma que nos gustaba a los dos, y en tu gabetero una caja de cigarrillo, la misma que te regalo esa chica en el bulevar, me dirigí hacia la sala de estar, me acomode en el sofá, intente prender la televisión, peor no pude; abrí la lata de cerveza y la coloque en la mesita de noche, encendí el cigarrillo y coloque el cenicero en mi hombro, de momento, escuche un silbo, una silbo tan breve como todo lo mágico, tan mágico igual que inexplicable, pero no lo tome en cuenta, de momento escuche un ladrido, me di la vuelta y vi a un chiguagua negro como el carbón, de repente desapareció, de momento mire mi reloj, y caí en un profundo sueño.
En el sueño me encontraba en un mundo, lleno de reloj, pero estaban destruidos, de repente un niño vestido de blanco, me llamo y me insistió a seguirle, yo estaba asustado, pero hubo algo que me decía que le seguirle, así lo hice, cruzamos una luz blanca, y nos encontramos en un parto; y después en las incubadoras, el niño me señalo una de las incubadoras, yo fui a ver que era, al acercarme, vi a un niño, casi al borde la muerte, en ese momento mi alarma sonó, me sorprendí mucho al ver la hora , eran las dos de la mañana, tome rápidamente las llaves y me fui de las casa de Valdemar, me despedí de su casa. Al otro día me sorprendí mucho al ver la noticia decía que una casa fue quemada a noche por su propietario, lo mas increíbles de este caso es que el propietario es mi amigo, Valdemar había estado todo este tiempo vivo.
Me desperté y me encontraba en la sala del hospital, el como siempre estaba a mi lado.
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